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Por Ninoska Martínez

Querido diario:

Como te escribía la última vez, mi niño hermoso nació de bajo peso, no lactaba, aquí tengo que hacer una gran parada, tantarannnn de mis tetas solo emanaba un minúsculo muy fino y casi imperceptible chorito de leche. Ahí comenzó mi angustia,  mi depresión, no daba mucha leche, quería, anhelaba que mi cría viviera colgado a mis dos pezones, sacando su néctar, succionando mi alma, pero no fue así, día a día solo salían gotas, a veces góticas y en ocasiones nada, duraba horas y horas tratando de extraer el líquido vital, pero mis intentos fueron imposibles, lo intentamos todo, ahí inició un gran vacío en mi alma, no me sentía buena madre, otras parecían vacas lecheras y yo nada, nada, nada.

Aparte de no dar mucha leche, tenía miedo de romper a mi hijo, sí de romperlo, era amor mezclado con cansancio, quería darme a él pero cómo? Qué tenía qué hacer para ser una buena madre, si había mucha duda en mí, de cómo criar a mi hijo, cómo atenderlo y lo peor, ya mis senos estaban marchitos, los jalé, los destruí y seguían brindando un chorito a mi bendición.

Nos leemos pronto…

NM.

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